Todo comenzó como un simple juego, un juego de palabras en el que se fueron sumergiendo sin reparar en el terreno sobre el que sus verbos se deslizaban. Jugadores ávidos de amor, jugadores intrépidos que iniciaron la partida sin prever los resultados, sin percatarse que sobre arenas movedizas sus corazones caminaban.
A medida que la partida avanzaba más riesgo se corría, sin darse cuenta se involucraron en demasía y los pies cada vez más en el fango se hundían. Letras que estallaban en verdades posibles, letras que discurrían entre quimeras y fantasías. Verdades ocultas tras el juego de palabras que hicieron saltar la chispa en una hoguera que ya se creía extinguida salpicando con sus flamas al mismo infierno que agonizaba consumido por la envidia de aquellas llamas.
Descontrolados los sentimientos se desbordaron y fluyeron a su libre albedrío, se desataron las emociones que no pudieron mantenerse al margen y se dejaron llevar por la conjugación del verbo en su expresión más amplia. Lo que comenzó como un juego inocente se fue convirtiendo en amor sincero. Ambos contrincantes usaron la magia de su arte, los corazones sucumbieron a la historia de amor elaborada seducidos por el hechizo de las palabras.
Todo comenzó como un juego en el que no creyeron que pudieran implicarse tanto, sus miradas desvelan los secretos de la jugada, pensaron que en la partida solo un ganador quedaría y no erraron en el pensamiento ya que el amor siempre es el vencedor sea cual sea la experiencia vivida.  






Imagen de la red