Insiste la noche en confundirme, me seduce con dulces aromas, me embriaga en placeres y esperanzas envueltas en luz en la plenitud de un nuevo día. Insiste la noche que a ella me abandone y con mimo mis deseos mece, irresistible y tentadora con su misterio me provoca y rendida cedo en su abrazo a los sueños que provoca la satisfacción de estar en el momento adecuado en que el pensamiento al margen se mantiene y libre y voluptuosa me elevo y emprendo el vuelo.
Retrospectivas de indefinido tiempo sin lugar fijo en el espacio fluyen como cascadas al compás de las ráfagas que surgen desde algún lugar de donde proviene el alma iluminando el camino cierto. Proyecciones inconexas para ser completadas en el gran puzle del Universo, diapositivas sin nombres ni palabras que por sí solas hablan en el lenguaje emocional que renace y con el recuerdo se funde aireando y descubriendo lo que en la oscuridad permanecía oculto.
Insiste la noche en que atención al silencio le preste y descifre los mensajes que deposita su sonido en el aire para desvelar al nuevo día las señales advirtiendo que la hora de la luz es inminente y se pronuncia con fuerza y se impulsa suavemente hacia el horizonte en que la realidad se hace ensoñación y la ensoñación en realidad se convierte.
Insiste la noche poblando mi cielo con estrellas rutilantes y lunas rojas en adornar la hora de la magia desde donde parte el principio de lo eterno, inmanente e inmutable Universo que festeja con carros de fuego la llegada del día señalado en que la realidad se invierta dando lugar a diversas posibilidades contemplando la panorámica desde una mente abierta con perspectivas que van más allá de lo material, desintegrando y disolviendo las capas superficiales de la materia dejando al desnudo el poder sagrado que habita en el centro de cada universo: amor incondicional, amor perpetuo.








Imagen de la red